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campos de solidaridad

    Viajando a campos de solidaridad en 3, 2, 1…

    No son ni dos días juntas, sin embargo, es sorprendente lo intensa que puede llegar a ser la convivencia con las personitas que viajan a Campos de Solidaridad. No es necesario regar mucho las semillas que hay en cada una de nosotras para que aflore la confianza que hace falta para pasar de conocidas que van a un curso a compañeras de viaje.

    Es difícil describir el grado de respeto, de cariño y de cuidado por las otras y por una misma, pero se puede sentir, es otro nivel. El fin de semana de convivencia es un espacio que cuidamos mucho, al que dedicamos unas cuantas horas del día y parte de la noche y que, sin ninguna duda, siempre nos lo devuelve todo multiplicado. Antes de acabar el domingo ya sabíamos que había merecido la alegría.

    Empezamos con las típicas dinámicas de confianza, para reírnos, para saber cómo estamos, cuál es el animal que nos habita. Es importante porque no sólo nos dedicamos a conocer el país al que vamos, también nos dedicamos a conocernos a nosotras y a las otras. Sin ese espacio amable no podríamos sacar los miedos afuera, porque no sentiríamos la seguridad de ser acogidas. Tampoco hablaríamos desde la libertad de quien sabe que no está siendo juzgada, y puede pedir para sí ratitos de soledad. Salen a borbotones las habilidades de cada una: pintar, tocar la guitarra, escribir, bailar y también hacer reír, capacidades que sin ninguna duda nos van a ayudar en el viaje.

    Qué sería de nosotras sin el humor, que nos ayuda a gestionar los conflictos, los que tenemos adentro y los que tenemos con las otras. Nos armamos de protocolos para no reproducir la violencia heteropatriarcal que nos atraviesa y nos toca. Somos todas principiantes en estilos de comunicación que nos hagan bien y es un placer ver esas alternativas crecer.

    En fin, nos ha faltado bailar alrededor del fuego pero no dudéis de que los tambores del akelarre suenan fuerte adentro. Esperamos que estos latidos del cambio que empiezan a retumbar en nuestro interior también se oigan fuera. Sólo nos queda agradeceros que toméis parte de este gran delirio que es el proceso de campos de Setem. Disfrutad y aprended todo lo que podáis de esas maravillosas gentes que encontraréis del otro lado del Atlántico y, sobre todo, compas, contádnoslo, ponednos los pelos de punta con vuestras historias y hacednos crecer con vosotras.

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